OBSERVAMOS…
  • Que los instrumentos económicos habitualmente utilizados para compensación de daños muestran notables debilidades (algunas de ellas ya evidentes tras varios años de aplicación y evaluación de las diferentes fórmulas utilizadas), para poder ser consideradas justas y útiles.
  • Que en algunos casos se están contemplando los instrumentos económicos como un subsidio de apoyo o compensación, y otras veces se utilizan para incentivar determinadas prácticas.
  • Que se ha utilizado la financiación de un seguro de daños por parte de algunas administraciones como vehículo para compensar los daños a las ganaderas y a los ganaderos afectados por ataques.
  • Que los instrumentos económicos son diseñados exclusivamente por las administraciones, dejando a la ciudadanía como meros observadores de las políticas de conservación.
ESTAMOS DE ACUERDO EN…
  • Que los instrumentos económicos de compensación de daños no deben ser un subsidio, ni una gracia, ni un premio, sino que deberían -simple y únicamente- compensar con justicia y amplitud los daños habidos (incluyendo molestias, esfuerzos, tiempo, etc.).
  • Que la compensación a través de los seguros es especialmente perniciosa, porque obliga a un desembolso inicial al ganadero y porque las primas no suelen cubrir todo el daño habido.
Y, POR TANTO, RECOMENDAMOS…
  • Plantear la compensación de daños a partir de un mecanismo de ‘declaración voluntaria de bajas’ apuntado más arriba, al considerarse el más justo y económicamente más eficiente.
  • Investigar el potencial de otros instrumentos económicos hasta ahora no movilizados, como pueden ser aquellos asociados al consumo (a través de sistemas de garantía, marcas de calidad, etc.) o explorando la vía fiscal a través de incentivos o exenciones vinculados a los beneficios ambientales.
  • De manera adicional a la compensación de daños, y al margen de las líneas que se movilicen para ello, recomendamos utilizar los instrumentos económicos también para acompañar e impulsar económicamente las inversiones en medidas de manejo para la reducción de daños que puedan acometer los ganaderos.
  • Habilitar un protocolo de seguimiento que permita evaluar en el tiempo el sistema, los factores de corrección, la prevención del fraude y el grado de satisfacción del procedimiento por parte de todos los actores implicados.

 

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